• Dona arroz mientras juegas y aprendes inglés gratis

  • Los mejores hoteles al mejor precio:

La risa: la mejor medicina

Los niños están mucho más dispuestos a reírse que los adultos, un pequeño se ríe un promedio de 300 veces al día, mientras que un adulto lo hace entre quince y cien. ¿Por qué nos reímos menos los adultos? Supongo que es normal, no sería ni remotamente divertido estar todos los días en la oficina tratando de presentar los resultados del mes al jefe cuando se tienen ataques descontrolados de risa.

Además es cierto, la vida muchas veces nos pone en situaciones poco divertidas… no conozco a nadie que le haga reír el tener que pagar sus tarjetas de crédito o la renta, lo que sí es que esto se puede ver con una perspectiva humorística (si no fuera así jamás se hubieran inventado Seinfeld o The Office, que nos causan risa gracias a situaciones incluso patéticas).

La risa es una habilidad que no hay que olvidar. Además es una potente herramienta curativa, a tal grado que incluso existen “terapias de risa” y hasta “yoga de la risa” (www.laughteryoga.org). Reír puede ayudar a combatir el estrés y la depresión. Algunos de estos terapeutas incluso llegan a recomendar fingir risa pues si esta no llega de otra forma el acto de fingir desata los efectos naturales de reír. Usualmente suele ser tan absurdo que termina por causar risa natural.

Para la gente que es afectada frecuentemente por ataques de ansiedad o pánico o carga con demasiadas emociones negativas la risa es un método físico que ayuda a liberar sentimientos y emociones embotelladas al acentuar el movimiento del diafragma y cambiar el patrón de respiración.

Para desarrollar como adultos la habilidad de reír con felicidad auténtica debemos liberarnos de capas de inhibición y programación mental negativa que creamos nosotros mismos. Permitir que las emociones fluyan nos permite sacar sentimientos que tenemos bloqueados, hacerlo riendo es una forma sin violencia que ayuda a generar una catarsis.

Según la doctora Elizabeth Scott en su artículo “Manejo del estrés y los beneficios a la salud del reír”, la risa ha mostrado beneficios que van desde fortalecer el sistema inmunológico, disminuir antojos (así que si estás a dieta procura reír y reír y reír) hasta aumentar el umbral del dolor.

Estos son algunos de los beneficios de reír:

– Liberación de hormonas. La risa libera las endorfinas conocidas merecidamente como las hormonas de la felicidad. Además, liberamos serotonina, dopamina y adrenalina. La explosión de carcajadas provoca algo muy parecido al éxtasis: aporta vitalidad, energía e incrementa la actividad cerebral.

-Ejercicio. Unas buenas carcajadas ayudan a ejercitar el diafragma, contraen los músculos abdominales y hasta ayuda a fortalecer los hombros, dejando a todos los músculos más relajados después. Incluso es un buen ejercicio para el corazón.

– Distracción. Reír ayuda a olvidar el enojo, la culpa y el estrés. Es una buena forma de olvidar por un momento estos sentimientos.

-Visión positiva. Estudios muestran que nuestra respuesta a situaciones estresantes puede alterarse si vemos las cosas como una amenaza o como un reto. El humor puede darnos una visión relajada que nos ayude a ver ciertos eventos como retos y de esta manera podemos enfocarnos a resolverlos de modo positivo y con menor sufrimiento.

-Beneficios sociales. Reír te conecta con otros además es contagioso así que si tu te ríes la gente a tu alrededor lo hará también, haciéndose más saludable. Reír es, digamos, un círculo virtuoso.

A todos nos hacen reír cosas distintas, hay que buscarlas y experimentarlas más seguido. Si te gusta un programa de tv que te hace reír, velo, o ve al cine a ver algo cómico. Encuentra el humor en tu vida.

Cuéntame ¿a ti que te hace reír? ¿Conoces algún video chistoso?, ¿una página web con chistes buenos? Recomiéndalos, este es tu espacio. ¡Haznos reír! 

 

Fuente:  Yahoo Mujer

Anuncios

Envejecer bien

¿Cómo prepararse para la última etapa de nuestra vida? Envejecer no es fácil para todos. Es un proceso que comporta numerosas pérdidas, pero también ganancias. Incluso, en el peor de los escenarios, la dependencia total, es posible descubrir una forma de crecer, de sublimarse y de sentirse bien. Se suele hablar de los factores que contribuyen a mantener la longevidad física pero, ¿son suficientes? Los expertos sostienen que no bastan y revelan algunas de las claves psicológicas fundamentales para envejecer bien y tener una vida longeva.

Longevidad con juventud

Envejecer bien es una suerte que, en parte, depende de la actitud de cada persona. Envejecer no es lo mismo que ser viejo, un estado del espíritu que consiste en ver la vida con tristeza y amargura. Una persona se puede sentir vieja a los 60 años y joven a los 80. Éste el mensaje con el que arranca “La suerte de envejecer bien. La plenitud de la vida”, obra de la psicóloga y psicoterapeuta Marie de Hennezel.

En 2050, por cada niño habrá tres personas con más de 60 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El número de “seniors”, como denomina Hennezel a los mayores, sigue al alza de forma imparable. Mientras en unas sociedades el miedo a la vejez y al deterioro físico se contagia y los ancianos son percibidos como una carga, en otras son considerados auténticos tesoros. Esto es lo que sucede en la isla japonesa de Okinawa, que cuenta con numerosos habitantes centenarios.

La larga vida de los ancianos de Okinawa, designada por la OMS como región de la longevidad, no se explica sólo por la genética, ya que se ha comprobado que cuando sus habitantes abandonan la isla disminuye su esperanza de vida. Tampoco se justifica por el buen clima y los sanos hábitos nutricionales que siguen, basados en comer poco y lento, tomar alimentos sanos como el pescado, la soja, el arroz o las algas ricas en yodo y calcio, y evitar pasteles y golosinas, expone Hennezel.

La admirable longevidad de estos japoneses se debe también a su bienestar psicológico. Son ancianos socialmente activos, optimistas frente a los problemas y se sienten felices de ser viejos, sin tener la sensación de que son un peso o una carga para la sociedad. “El calor de nuestro corazón impide a nuestro cuerpo oxidarse”, dicen. El mensaje parece claro: la longevidad no está condicionada sólo por la genética y los hábitos saludables. El bienestar psicológico, ser felices en esta etapa de la vida, es crucial para envejecer bien y vivir más tiempo.

Envejecer no es una debacle

“Envejecer no es una debacle ni una edad dorada. Es una etapa tan rica y digna de ser vivida como las otras, apasionante de vivir, con sus alegrías y sus dificultades. Da problemas, por supuesto, a todos los niveles: económicos, sociales, psicológicos”, pero contra esta realidad Hennezel aboga por un realismo positivo que consiste en mirar estos problemas de frente y saber anticiparse a ellos. Esta psicoterapeuta afirma que envejecer es “un arte contradictorio: por una parte es un naufragio, por otra, una progresión”.

Es un naufragio porque comporta numerosos duelos por la pérdida de la energía vital, la juventud perdida, la esperanza de vida, la salud (aparecen los achaques), familiares y amigos de la misma edad que fallecen, el trabajo y el éxito profesional, la autonomía personal, hasta la independencia económica.

No obstante, en el peor de los casos, Hennezel sostiene que es posible experimentar un importante crecimiento interior y aprender a saborear la vida de otra forma, puesto que envejecer también es una ganancia en términos de experiencia, sabiduría, crecimiento interior y espiritual. El objetivo en la vejez no debe ser buscar el éxito y el reconocimiento exterior, sino que la satisfacción viene cuando se madura interiormente.

“Entre la renuncia a la juventud y la aceptación de la muerte hay un tiempo en el que nos podemos sentir profundamente felices y libres. Ese tiempo es la oportunidad que tenemos de conocer aspectos de nosotros que desconocíamos, de ver, sentir y amar de otra manera”, expone Hennezel.

Fuente:   Consumer Eroski (artículo de Clara Bassi)

El optimismo como protector natural del corazón femenino

Un estudio realizado en la Universidad de Pittsbug (EEUU) recientemente publicado en la revista “Circulation” dice que el optimismo, llevado como filosofía de vida, resulta un escudo protector para las mujeres frente a las enfermedades coronarias y otros trastornos, que hasta llegao a reducir la mortalidad de las mujeres más optimistas.

chica-joven-sonriendo-trigoEl estudio, supervisado por la doctora Hilary Tindle, profesora de medicina de dicha universidad, se realizó sobre una muestra de 97.253 mujeres posmenopáusicas (89.259 blancas y 7.994 negras) con edades comprendidas entre los 50 y los 79 años, libres de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Los cuestionarios elaborados sirvieron para determinar la ‘actitud vital’ con la que las participantes se enfrentaban a su día a día.

La conclusión a la que llegaron los investigadores ocho años más tarde, los investigadores, es que las mujeres optimistas presentaban un 9% menos de riesgo de desarrollar una enfermedad coronaria y un 14% menos de riesgo de morir que las pesimistas, mientras que las mujeres con un alto grado de hostilidad cínica fueron un 16% más propensas a morir durante los ocho años de seguimiento que las que tenían un grado de hostilidad bajo.

TAmbién observaron que las mujeres optimistas solían ser más jóvenes, vivían en el oeste de EEUU, tenían un mayor nivel educativo y de ingresos, contaban con empleo y seguro médico y asistían a un servicio religioso al menos una vez por semana.

Las mujeres optimistas revelaron una menor propensión a sufrir diabetes e hipertensión, colesterol o síntomas depresivos y también mostraron una menor incidencia de factores y conductas de riesgo como el tabaquismo, el sedentarismo o un índice de masa corporal alto. De cualquier forma, aún teniendo en cuenta estos elementos adicionales, la relación inversa entre optimismo, enfermedad coronaria y riesgo de muerte se mantuvo.

Estudios realizados con resonancias cerebrales han mostrado que las respuestas neurológicas son distintas según los niveles de optimismo y hostilidad de las personas.  Otro estudio, realizado por la University College of London, reveló que las personas optimistas presentan niveles más bajos de cortisol, una hormona que contribuye a elevar la presión sanguínea, aumentar la grasa abdominal y debilitar el sistema inmune.

Según la doctora Tindle, “este estudio supone un paso clave para futuras investigaciones en este área, tanto acerca de cómo las actitudes pueden afectar a la salud como en la realización de ensayos aleatorios controlados que examinen si las actitudes pueden ser modificadas para mejorar la salud”.

Los resultados de estos estudios podrían explicarse en que las personas optimistas suelen desenvolverse en situaciones adversas de una forma más sana que las pesimistas y suelen construir relaciones sociales más fuertes.  En cambio, las actitudes hostiles provocan mayor estrés y perjudican las relaciones sociales, lo que podría llevar al incremento de la frecuencia y severidad de las experiencias negativas entre los individuos pesimistas y hostiles; y esto acabaría empeorando la fisiología cardiovascular de estas personas y traducirse, por ejemplo, en patologías como la hipertensión.

Así que ya sabemos:  mejor ser optimista, y ver el vaso de la vida medio lleno, que seremos más sanos y más felices.

Fuente:  diario El Mundo